Se trata de un caldo de vaca, o buey, con mucho más color y sabor que el caldo oscuro hecho por el método rápido y por eso es una base mejor para consomés y gelatinas de carne.
Se trata de un caldo clarificado, de color oscuro y sabor intenso. En invierno, puede servirse caliente con unas verduras en juliana. En verano, puede servirse frío y gelatinizado, cortado en dados y acompañado de pan tostado.
Un primer plato reconfortante que además es muy suave, adecuado para niños, personas mayores, aquellos recuperándose de una enfermedad, y los que necesitan seguir una dieta blanda.