Recopilar recetas de cocina
La primera recomendación que se le puede hacer a un escritor es llevar una especie de diario donde anote todo lo que se le ocurra. Igualmente, la primera recomendación que se le puede hacer a cualquier aficionado a la cocina, y a cualquier profesional, es guardar todas las recetas que utiliza, y guardarlas con anotaciones.
La inspiración para las recetas puede venir de tradiciones familiares, productos locales, recetas publicadas en revistas y periódicos, cocina étnica y de otros libros de cocina. Cuidado con plagiar. Las recetas deben ser originales. Si una receta está basada en otra de un restaurante o incluso publicada en una página en Internet, se le debe dar el crédito apropiado al autor. Después de todo, es lo que nos gustaría a cada uno de nosotros que se hiciera con nuestras recetas.
A medida que se trabaja en la cocina, ya sea por obligación o por placer, lo mejor es ir escribiendo lo que se hace. No importa si se trata de cocina familiar, o que se trabaja en una empresa de catering, que se cocine a diario, o que sólo se cocine los fines de semana y los festivos, o que uno sólo se mete en la cocina cuando hay algo grande que celebrar, se deben ir escribiendo las recetas. Esta disciplina es algo difícil para la mayoría de los cocineros porque están acostumbrados a preparar sus platos de forma intuitiva.
¡Es necesario medirlo todo! Y escribir notas sobre cada plato a medida que se trabaja. De esta forma cuando se ha estado intentando mejorar una tarta, hornear un nuevo tipo de pan, o conseguir hacer una menestra perfecta, se conserva un registro de todas las cosas que se han probado y sus resultados. El archivo de recetas puede ser una simple caja llena de fichas, con la receta en la parte delantera y los comentarios, trucos, y las cosas que funcionan especialmente bien en el reverso de la ficha. Si se trabaja metódicamente, se tendrá una colección de recetas muy aprovechable en menos tiempo de lo que se piensa.
El archivo puede ser también un cuaderno o una carpeta de anillas, puede estar en formato electrónico, o pueden grabarse comentarios, si así se desea. En este último caso, conviene tener un método para transformar los comentarios en texto escrito.
Puede ocurrir que en un momento dado estemos sólo interesados en hacer crítica gastronómica y dedicarnos sólo a restaurantes, o sólo a comentar libros de cocina, o que el objetivo sea escribir en revistas, pero a medida que la colección crece y se acumulan las tarjetas con las recetas de nuestras creaciones originales, podemos encontrarnos que tenemos suficiente material para escribir un libro de cocina sin tener que hacer mucho más esfuerzo. Y cuando se está dedicado a escribir artículos para otras publicaciones, esta colección de recetas resulta invaluable como material de investigación y de soporte. Si recibimos la llamada de un editor que necesita un artículo urgente o en un plazo relativamente corto ¿Podríamos escribir un artículo para su especial sobre cocina veraniega? Es magnífico poder decir que si sin temor porque ya tenemos una caja llena de deliciosa recetas de ensaladas y barbacoas que se adaptan perfectamente al tema.
Al escribir las recetas de nuestra colección, lo mejor es utilizar nuestra voz, describirlas con nuestro estilo propio. Eso las hace más interesantes y si decidiéramos en el futuro escribir un libro de cocina, ya será único y diferente a otros sólo por tener nuestro estilo individual.
Cuando se escribe por encargo, o se tiene en mente un libro con un propósito definido, hay que considerar a la audiencia, y presentar las recetas de la forma adecuada a sus necesidades. Además, hay que seguir las normas editoriales. Pero si se tiene una colección de recetas bien documentada, no es difícil adaptar las que se seleccionen para un proyecto particular haciendo énfasis en la información más relevante al tipo de lector al que se destinan.